Es de las colecciones de quiosco con la idea más redonda: en vez de una marca o una categoría, el hilo conductor es un oficio. Sesenta miniaturas de los taxis que han circulado por las grandes ciudades del mundo, cada una del modelo y con los colores que de verdad se usaban allí.
Fotografiamos las primeras entregas en cuanto llegaron, y estas son.

Qué traía
Miniaturas a escala 1/43, una por entrega, hasta un total de 60. Cada una llegaba dentro de una caja rígida de metacrilato transparente, con la peana identificando el modelo, la ciudad y el año.
Y un detalle que le daba mucho: dentro de la caja, como fondo, una fotografía en blanco y negro de la ciudad correspondiente. No es un adorno tonto, es lo que convierte una miniatura en una escena.
Las dos primeras entregas
Ford Fordor, Nueva York, 1947. El taxi amarillo y negro de las películas, con el techo amarillo y la carrocería inferior oscura, la matrícula de época y el distintivo de la ciudad en la puerta. Es la elección obvia para abrir una colección así, y funciona.

Visto por detrás se aprecia mejor de lo que parece en la caja: el parachoques cromado con sus dos topes, los pilotos redondos pequeños, la matrícula impresa y las llantas amarillas con tapacubos cromado. La línea de separación entre el amarillo y el negro va limpia por todo el perfil, que es donde suelen fallar las miniaturas baratas a dos tonos.
Renault Colorale, Lisboa, 1951. El contrario en todo: verde claro y negro, forma de furgoneta alta y aire completamente europeo. En la miniatura se aprecia bien la parrilla cromada y el letrero de taxi sobre el techo.

De frente es donde se entiende el coche. La parrilla vertical con los listones cromados ocupa casi todo el morro, los faros van embutidos en las aletas y encima del parabrisas va el cartel de TAXI en rojo sobre fondo claro. La matrícula francesa de la época está impresa en el paragolpes, no pegada, así que no se despega con los años.
Puestas una al lado de la otra explican la colección entera mejor que cualquier folleto: dos coches de la misma época que no se parecen en nada porque servían a dos ciudades que no se parecían en nada.

Qué tal estaban
Del mismo nivel que las otras colecciones de miniaturas de quiosco de la casa: metal con piezas de plástico, pintura bien aplicada en los dos tonos, cromados razonables y matrícula impresa. Los interiores se ven a través de las lunas y están pintados.

Para el precio, cumplen de sobra. Y como colección de estantería tienen una ventaja sobre las de un solo modelo: son todas distintas entre sí, así que la vitrina no acaba siendo una fila de coches del mismo color.
Mirando de cerca se ve dónde puso el fabricante el dinero y dónde no. Los cromados de parrilla y paragolpes están hechos con pieza aparte, no pintados, y eso se nota a esta escala. Las llantas llevan su color de época en vez del gris de siempre. En cambio los limpiaparabrisas y las manillas van resueltos con pintura, y las lunas son de una pieza sin marcos independientes. Es el reparto lógico en una miniatura de quiosco: se cuida lo que se ve de lejos.
La caja de metacrilato es de las buenas, rígida y transparente por todas las caras, lo que permite exponerlas sin sacarlas.
La peana lleva impreso el modelo, la ciudad y el año, y esto importa más de lo que parece. En una colección de sesenta coches de sesenta sitios distintos, sin esa línea de texto acabas con una estantería llena de coches viejos que no sabes identificar. Con ella, la vitrina se lee sola.
Cómo se vendía
Con el esquema habitual: entregas periódicas, primera entrega de reclamo y suscripción con regalos para quien se apuntaba a la colección completa. Aquí montamos también un concurso con la editorial para llevarse gratis las primeras entregas.
Sesenta entregas es una colección larga. La cuenta de siempre aplica: multiplica el precio por entrega por sesenta antes de suscribirte y compara con lo que cuestan las miniaturas sueltas que de verdad te interesan.
Si la buscas hoy
Las miniaturas sueltas aparecen con facilidad en mercadillos y en segunda mano, normalmente por poco dinero. La colección completa, con sus sesenta cajas, es bastante más difícil de encontrar y se paga en consecuencia.
Un aviso para quien compre suelto: comprueba que la caja de metacrilato no esté rayada y que el fondo fotográfico siga dentro, porque es la parte que más se pierde.
La otra colección que fotografiamos entera está en Ferrari F1 Collection, y el repaso a todas las demás, en las colecciones de coches y motos de Altaya.
Preguntas frecuentes
¿Cuántas entregas tenía Taxis del Mundo?
Sesenta, con una miniatura a escala 1/43 en cada una.
¿Qué modelos incluía?
Taxis representativos de grandes ciudades, con sus colores reales. Entre los primeros, el Ford Fordor de Nueva York de 1947 y el Renault Colorale de Lisboa de 1951.
¿Venían en caja?
Sí, en caja rígida de metacrilato transparente, con una fotografía en blanco y negro de la ciudad como fondo.
¿Qué tal la calidad de las miniaturas?
Correcta para su precio: metal con piezas de plástico, pintura a dos tonos bien resuelta e interiores pintados.
¿Se consiguen hoy?
Sueltas sí, y baratas. La colección completa cuesta bastante más y aparece poco.

